sábado, 10 de octubre de 2009

Carta a Engracita .-Ancares Extrem.-




Ancares, a 10 de Octubre de 2.009

Querida Engracita:

espero que al recibo de la presente te encuentres bien en compañía de los tuyos, nosotros bien A.D.G.

El motivo de esta es que tenía que contar que hoy me acordé de tí... nooooo, no; no fué aquella escena por la que tanto nos reimos este año en la fiesta del pueblo mientras bailabamos aquella cumbia ante la atenta mirada de tu marido. Esa que comentamos fué nuestra escena, el bonito momento en el pajar de tu tío Ambrosio, cuando todavía yo no sabía porque aquello se me ponía así y tú ya sabías para qué era todo. Justo después, nos sorprendió la tía Margaríta ... Creo que nunca tan rápido me subí los pantalones y de tan poco me valió. ¡Claro tu con la falta lo tuviste fácil!

-¡Oes! Ambrosio, mira o que lle tá enseñando este maleducado a nena.-
- Son pícaros muller ...
- ¿Picaros? xa lle enseñareir a él.-Gritaba-¡Non corras deeemo!

Que baradas me dió en las canillas con la de "afalar" a mula. Lo pienso y aún me duelen hoy.

Pues me acordé de tí por un murmullo de agua bajando un arroyo. Aquel día fué en el puente del río de mi casa, hoy en un lugar bien distinto que te voy a contar.
Esta semana hemos preparado una ruta en bici por los Ancares leoneses; una ruta que creó Isma del Club Ciclista la Badana de la Bañeza al que tengo que agradecer toda la información que nos ha dado sobre numerosos detalles que nos han valido para llevala a buen fin, además de su disposición para enviarnos un nuevo track revisado; da gusto con gente así. El recorrido es testimonio del buen hacer y del saber de este buen hombre: tanto por la parte estética como en la faceta deportiva, como que todo estaba donde tenía que estar.

Los artífices de la ruta y de la inmejorable compañía fueron Marín que como nadie nos fué aleccionando sobre los puntos de avituallamiento, paradas y tiempos de paradas; mientras que Lobillo, gran conocedor de la zona, nos iba explicando cada sitio por donde discurría y nombrando todos los picos, montes y lugares que veíamos desde cada posición y lo que quedaba para la llegada a los lugares determinantes; claro, con esta gente todo tenía que salir como salió ¡perfecto!. Engracita: a tí que tanto te preocupa la puntualidad y a mí que me encanta que en nuestras citas prohibidas lo seas, decirte que con esta gente ibas a tener todo al minuto; fíjate hicimos la ruta en siete horas con una hora justa de parada; pero una eh!, nada de una y dos minutos; no, no en punto!!.

Empezamos en un bonito y silencioso pueblo, Cela, recorrimos unos tres Klm por terreno casi llano que nos sirvió de calentamiento para comenzar una subida de unos siete Klm, el paisaje que dejábamos la hizo más llevadera; coronamos la primera cota del día acumulando 500 de los 2100 positivos que juntaríamos al final.
LLegados aquí comienza una tremenda pendiente, primero por un cortafuegos luego por un camino que le encantaría bajar al amigo Furón, el que te dije que tenía la furgo con la que nos íbamos a perder aquel fin de semana largo, pero que al final no me la pudo dejar, ¿te acuerdas?, ese bajaría como nadie por ahí derrapando y haciendo de las suyas.
Después de la descarga de adrenalina y tras un pequeño incidente sin importancia llegamos a Villar de Acero, mientras hacíamos la primera parada vimos bajar por el camino a dos damas con sendos cestos. Rosario, que luego dijo ser la del bar, le dió una castaña a Lobillo y su compañera otra a Marín, y allí comenzaron a hablar; despues de un rato y viendo que el ambiente se caldeaba entre los cuatro, y temiéndome terminar la ruta solo, tuve que mediar para que dejaran el asunto en un par de fotos que les prometí enviar y que cada cual siguiera con lo suyo.

-Son dos buenos mozos ¿eh?.- Salía diciendo Rosario.
-Y con esas ropas van como medio desnudos, oiste, se les notaba todo, jajajaaj.
-Calla, mujer calla que aún te van oir.-



Así dejamos Villar de Acero, y con él la altitud más baja que tocaríamos en toda la jornada, sería también el último pueblo habitado. Nos adentramos por camino de monte donde costaba hasta elegir la trazada, empezaba también la subida hacia Campo del Agua. El recorrido hasta allí va alternando entre caminos y pistas que dejan contemplar el paisaje, inmenso paisaje que creando vistas únicas se adentra por carballeiras, castiñeiras, sotos, praderas y se pueden divisar pequeños núcleos de población como esos en los que tantas veces me dices que te gustaría que nos quedáramos encerrados y con nieve; Engracita, lugares bellísimos con variadísima vegetación ah! y toda ella autóctona.

A Campo del Agua no se llega, aparecen sus pallozas cuando estás en lo alto del camino, es como subir y subir una gran pendiente y en un momento surge la llanura donde se ubica. Allí hicimos una parada más larga y compartimos la comida con dos pequeños gatitos que nos tuvieron entretenidos, pues entre su hambre y su curiosidad pudieron acabar dentro de las mochilas; de hecho uno lo tuve que sacar de la mía.

Aquí dejábamos el último poblado y comenzaron veinte Klms de sube y baja alternado por las laderas y haciendo cotas. Ya empezaba a pesar el recorrido que, por cierto, el suelo estaba ideal para ciclar: duro y agradecido en cada pedala. Tengo que exceptuar algunos tramos de caminos que están "arreglando" y echan piedra muy gorda que costaba mantener el agarre y equilibrio, algunos tramos de más de 2 Klms. Durante un largo rato, y cuando más pesaba lo acumulado Lobillo nos dijo que teníamos que llegar a los 1700 de altitud; eso provocó un largo rato de silencio penoso y casi desesperante, los klms avanzaban, el terreno no acababa de empinar pero la altitud "prometida" no llegaba;
en esos momentos nadie llevaba el perfil a la vista y el resto no recordaba la altitud máxima, de hecho creo que hasta, sin mala intención, confirmé la farsa; ¡que mal!; al llegar sobre 1450 vimos que aquello no podía ser y eso convirtió en el momento de eufória colectiva de la jornada entre voces de alegría: ¡la subída había terminado!. Inmedatamente nos felicitamos por concluir la ascensión. Quedaba el final de fiesta: diez klms en bajada.
Había tramos muy sinuosos, otros de camino estrecho con buen firme, algunos más rectos con gran pendiente donde soltábamos los frenos para una necesaria refrigeración que concluía en otras apuradas de frenada en las siguientes curvas. Un descenso para disfrutar. La llegada a Cela es por otra senda muy bonita, va entre castaños cerca de fincas de labranza que nos llevó al punto de partida.
Ahí fué donde comenzamos a sacar cerverzas frías para mezclarlas con limón, ¡COMO SABÍA AQUELLO!, y como prestaba. Luego sacamos pan, algunos embutidos y Lobillo abrió un par de latas de sardinas. Todo era silencio, nadie hablaba, sólo se oía el agua de la fuente cercana y, como un bello retrato, te pusiste en mi mente.... me encanta ahora volver a saborear ese recuerdo y creo que lo traeré al presente cuando desee sentirme bien.

Saciadas esas primeras hambre y sed que traíamos ya comenzaron los comentarios sobre la ruta y los momentos vividos, incluso se habló mucho sobre la infinidad de rutas que podrían surgir por los Ancares gracias a esta.

Concluimos en que tendríamos que volver, aunque sabíamos que las sensaciones de esa primera vez ya no se van a repetir y no van a ser las mismas.

Con esto me despido hasta tu próxima en la espera de saber cuando haremos la próxima escapada y que bien podría ser en algún lugar de los Ancares.


Un beso de este, que siempre te recuerda.

M.

PD: Las fotos del resto de la jornada. AQUI

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Crónica de los de la badana. Cuando la hicieron en el 2.008.

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